El respiro que los conductores colombianos experimentaron durante los meses previos ha terminado oficialmente este mes. El incremento del precio de la gasolina vigente desde el 1 de abril marca el inicio de una nueva etapa de ajustes en los costos de movilidad en todo el territorio nacional.
Análisis del incremento en la gasolina corriente y el ACPM
La Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg) anunció que, a partir del 1 de abril de 2026, se aplica un ajuste al alza en los combustibles líquidos del país. Este cambio interrumpe una tendencia de dos meses consecutivos en los que el valor del galón había registrado disminuciones significativas. Durante febrero y marzo, el Gobierno Nacional había aplicado rebajas que sumaron un total de 1.000 pesos, pero las condiciones actuales del mercado han obligado a revertir este alivio.

En términos específicos, el galón de gasolina corriente sufre un aumento aproximado de 375 pesos. Por su parte, el combustible diésel o ACPM también registra una variación, aunque menor, con un incremento de 81 pesos por galón. Según la información oficial, estas medidas responden a las dinámicas del mercado internacional y a la necesidad de mantener la estabilidad fiscal del país.
Con esta actualización, el precio promedio nacional de la gasolina corriente en las 13 ciudades principales se sitúa en 15.449 pesos. En el caso del ACPM, el promedio nacional alcanza los 11.082 pesos por galón. Estos valores sirven como la nueva base de referencia para el transporte y la logística en Colombia.
Precios de referencia en las principales ciudades colombianas
El impacto del incremento del precio de la gasolina no es uniforme en todas las regiones del país, ya que factores logísticos y de transporte influyen en la tarifa final al consumidor. El reporte de la Creg detalla cómo quedan los valores en las zonas urbanas más importantes de Colombia, evidenciando brechas notables entre diferentes puntos geográficos.
Villavicencio se posiciona actualmente como la ciudad con el combustible más costoso del país, con un valor de 15.991 pesos por galón de gasolina corriente. Muy cerca se encuentra Cali, donde el precio alcanza los 15.900 pesos. En Bogotá, la capital del país, el costo del galón llega a los 15.891 pesos, reflejando el peso de la demanda y la infraestructura de abastecimiento.
Medellín también registra cifras elevadas, situándose en 15.811 pesos por galón. En el caribe colombiano, ciudades como Barranquilla y Cartagena presentan tarifas de 15.524 y 15.481 pesos respectivamente. En contraste, las ciudades fronterizas mantienen los precios más bajos de la nación; en Cúcuta el galón se ubica en 13.865 pesos y en Pasto en 13.487 pesos.

Respecto al ACPM, el panorama es similar en cuanto a la distribución regional. Cali encabeza la lista con un precio de 11.524 pesos, seguida por Villavicencio con 11.476 pesos y Medellín con 11.401 pesos. Bogotá registra una tarifa de 11.376 pesos para este combustible esencial para el transporte de carga.
Factores internacionales y el papel del petróleo Brent
La razón fundamental detrás de este incremento del precio de la gasolina se encuentra en el mercado global de hidrocarburos. Durante las últimas semanas de marzo, el petróleo de referencia Brent experimentó una volatilidad considerable, superando la barrera de los 100 dólares por barril y alcanzando picos cercanos a los 118 dólares.
Las tensiones geopolíticas, especialmente en la región de Medio Oriente, han impulsado este repunte en los precios internacionales del crudo. Dado que Colombia ajusta sus precios internos en relación con los valores de mercado externo, el aumento internacional genera una presión directa sobre las tarifas locales. Cuando el valor del petróleo sube, el Gobierno se ve en la necesidad de ajustar los precios para evitar que el diferencial de costos afecte gravemente las finanzas públicas.

Otro factor determinante es el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC). Este mecanismo actúa como un amortiguador para que las variaciones bruscas del mercado internacional no impacten de forma inmediata y total al consumidor final. Sin embargo, el sostenimiento de precios por debajo del nivel internacional en periodos anteriores generó un déficit acumulado significativo, lo que el Gobierno ha denominado una deuda elevada que debe corregirse progresivamente.
Consecuencias en el sector transporte y la economía nacional
El aumento en los combustibles líquidos tiene un efecto multiplicador en la economía colombiana. Al ser la gasolina y el ACPM insumos críticos para la movilidad, cualquier ajuste al alza impacta los costos operativos de diversos sectores, desde el transporte individual hasta el movimiento masivo de mercancías.
El transporte de carga es uno de los segmentos más sensibles al precio del ACPM. El incremento de 81 pesos en este combustible puede traducirse en ajustes en los fletes, lo que a su vez repercute en el precio final de los bienes de consumo y alimentos que llegan a las mesas de los colombianos. La logística nacional depende directamente de la estabilidad de estos costos para mantener la competitividad de los productos.

Asimismo, el incremento de 375 pesos en la gasolina corriente afecta directamente a los propietarios de vehículos particulares y a los servicios de transporte público y por plataformas. Este ajuste podría generar presiones inflacionarias adicionales, ya que el costo de vida tiende a elevarse cuando la movilidad se vuelve más costosa. Aunque entre febrero y marzo se logró aliviar la inflación gracias a las bajas previas, el panorama de abril sugiere un cambio de dirección que obligará a los hogares a replantear sus presupuestos mensuales.
Opinión final sobre la política de precios de combustibles
El incremento del precio de la gasolina en abril de 2026 demuestra que el periodo de alivio experimentado a principios de año fue, lamentablemente, una medida transitoria dictada por un respiro momentáneo en el mercado petrolero. Si bien las reducciones de 1.000 pesos acumuladas fueron bien recibidas por la ciudadanía, la realidad fiscal del país y la volatilidad del Brent han vuelto a imponer su lógica.

Es evidente que Colombia sigue atrapada en una dependencia de factores externos que impiden una estabilidad duradera en el costo de los combustibles. El papel del FEPC sigue siendo objeto de debate; aunque protege al ciudadano de golpes más drásticos, el costo fiscal de mantener esos subsidios es una carga que el Estado parece no poder sostener indefinidamente. El ajuste gradual propuesto por el Ejecutivo busca mitigar el impacto, pero el bolsillo de los colombianos sentirá el golpe de estos 375 pesos adicionales en cada tanqueada.
Hacia el futuro, el comportamiento del petróleo seguirá siendo el termómetro que defina si Colombia enfrentará nuevos aumentos o si habrá espacio para nuevas reducciones. Por ahora, los conductores deben prepararse para un mes de abril con costos más elevados y una mayor vigilancia sobre el consumo eficiente de combustible en sus desplazamientos diarios.
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